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Awesome Magazine

Notas de la redacción — sobre los libros que estamos haciendo, las ideas que hay detrás y lo que una época en cambio está a punto de pedirle a quien los lee.

2026.09.24

Antes de decirle cómo se llama esa hoja

Cuando un niño nos tiende una hoja, lo primero que queremos es buscarle el nombre. ¿Y si ponemos una foto junto a la hoja real y le damos tiempo para mirar, tocar y decir lo que ve? Una historia breve para quienes acompañan a niños de 4 a 6 años.

APRENDIZAJE / 06

El niño extiende la mano con la hoja que acaba de recoger. «¿Qué es esto?» Antes de buscar el nombre en el móvil, hacemos una foto de esa misma hoja. ¿Qué conversación surge si ponemos la hoja real y la foto una al lado de la otra? Lo que sigue es una escena imaginada entre un niño de cuatro a seis años y la persona que lo acompaña.

Cuando la foto se ve en grande

Al ampliar la pantalla aparecen unas líneas finas que cruzan la hoja.

«Aquí hay muchos caminos.»

En lugar de añadir enseguida la palabra «nervios», el adulto mira hacia donde apunta el niño. «¿Desde dónde hasta dónde llegan?» El dedo se desplaza del centro de la pantalla hacia el borde. La foto es cómoda para observar juntos una parte pequeña. Pero, por mucho que la ampliemos, lo que tocan las yemas de los dedos sigue siendo una pantalla lisa.

Los nervios del envés de una hoja, con pequeñas sombras bajo una luz lateral
Los nervios del envés de una hoja, con pequeñas sombras bajo una luz lateral

Cuando se le da la vuelta y se toca

Ahora le damos la vuelta a la hoja de verdad. Es una hoja limpia, elegida por el adulto para que se pueda tocar. El niño mueve despacio la punta de los dedos y dice:

«Por este lado las rayas sobresalen.»

Toca el haz y el envés, una cara y otra. La ligereza de la hoja apoyada en la palma también es algo que contar junto a la foto. Eso no significa que la mano pueda decirnos el peso exacto. De momento, lo que se hace es poner en palabras las diferencias que se ven y se sienten.

El borde arrugado de una hoja seca de color marrón
El borde arrugado de una hoja seca de color marrón

Cuando ponemos otra hoja al lado

Colocamos también una hoja marrón y arrugada. El niño las mira y dice: «Esta parece papel».

«¿En qué se parece al papel?»

Puede ser por el borde reseco, o por el sonido que hizo al moverla un poco. En vez de elegir la respuesta por él, el adulto escucha su explicación. Y si el niño no quiere tocarla, no hace falta insistir. También vale con hablar de las diferencias que se descubren mirando.

Una hoja sobre una mesa, junto a una maceta con algo de tierra derramada
Una hoja sobre una mesa, junto a una maceta con algo de tierra derramada
Una hoja verde y una hoja seca marrón colocadas una junto a la otra
Dos hojas distintas, una al lado de la otra

Más tarde, cuando busquemos el nombre y leamos sobre ella, habrá algo con lo que comparar lo que acabamos de ver. Las búsquedas y las explicaciones que el adulto tenía preparadas pueden llegar entonces. Del día de hoy no hace falta guardar una lista de respuestas correctas: basta con una frase del niño. «Las rayas de detrás se notaban con la mano.» Se trata de dejar por escrito, con sus palabras, aquello que la foto no guarda.

La conversación entre el adulto y el niño es una escena imaginada para proponer una actividad. No se trata de un caso en el que se hayan medido resultados de aprendizaje.

2026.09.23

La IA de 20.000 wones al mes: ¿cuántas veces la usamos este mes?

Al suscribirnos miramos primero la tarifa; un mes después, lo que de verdad interesa es cuántas veces la hemos abierto. Comparamos tres suscripciones de IA imaginarias para ver dónde se nos va el dinero y el tiempo.

WORK & MONEY / 05

En el momento de pagar parecía que iba a darle mil usos. Resumir actas de reuniones, redactar correos en otro idioma, preparar presentaciones. Pero, cuando se acerca el siguiente cobro, aparece otra pregunta: ¿cuántas veces abrí esto en todo el mes?

Al elegir una suscripción de IA, la lista de funciones es larga y la cuota mensual ocupa una sola línea. Una vez contratada, esa línea se repite cada mes, pero los usos que uno imaginaba no aparecen solos. Si desplegamos el historial de un mes, las cuentas pueden salir distintas de lo previsto.

Tres suscripciones en un mismo mes

Para comparar, inventemos tres suscripciones. A cuesta 10.000 wones al mes y la usamos dos veces. B cuesta 20.000 y la usamos veinte veces; C cuesta 30.000 y la usamos tres. No son precios ni registros de uso de ningún servicio real.

Entre las tres suman 60.000 wones al mes. Si dividimos cada cuota por el número de usos, A sale a 5.000 wones por vez, B a 1.000 y C a 10.000. La diferencia viene de que usamos B mucho más que A, aun siendo A la más barata.

Visto así, dan ganas de empezar cancelando C. Pero si una de esas tres veces sirvió para rematar una propuesta importante, el juicio cambia. Y al revés: si de las veinte veces que abrimos B casi nada resultó aprovechable, cuesta quedarse tranquilo solo porque la cifra sea baja. Al lado del número de usos habría que anotar también qué se terminó con ellos.

Un cuaderno con un lápiz y unas marcas de comprobación sencillas
Un cuaderno con un lápiz y unas marcas de comprobación sencillas

Después de recibir la respuesta, queda trabajo

Supongamos que el borrador de un correo aparece en unos segundos. Si luego dedicamos cinco minutos a pulir las frases y diez más a cotejar fechas e importes con el original, el tiempo invertido en ese correo no es solo el de la generación. También esto es una suposición para explicar el cálculo.

Aun así, no se puede decir que esos quince minutos de revisión sean una pérdida. Hay que mirar también cuánto habríamos tardado escribiéndolo por nuestra cuenta y hasta dónde lo habríamos llevado. A quien le cuesta arrancar un borrador, el simple hecho de tener ya un primer párrafo puede ayudarle. Pero conviene distinguir esa ayuda de la afirmación de que hemos ahorrado tiempo.

No hace falta cronometrarlo todo al segundo. Los días que la usemos, basta con dejar anotado en dos líneas qué hicimos, si llegamos a usarlo de verdad y cuánto costó retocarlo. Ante el cobro del mes siguiente, esas pocas líneas son un material de decisión más concreto que la memoria.

Un lápiz corto y gastado junto a uno nuevo
Un lápiz corto y gastado junto a uno nuevo

¿Habrá trabajo para ella el mes que viene?

Haberla aprovechado este mes y necesitarla el mes próximo son dos cosas distintas. Si abrimos mucho una herramienta por culpa de una presentación, es probable que, pasada la presentación, apenas vuelva a hacer falta. Ahí es donde empiezan a acumularse las suscripciones que guardamos pensando «ya la usaré algún día».

Antes del siguiente cobro conviene escribir, al lado del nombre de cada herramienta, una tarea concreta del mes que viene. Algunas tendrán un uso clarísimo, como el borrador del informe periódico; otras se quedarán en blanco. Un hueco en blanco no obliga a cancelar, pero sí invita a repasar una vez más por qué seguimos pagando. Y si decidimos cambiar algo, toca comprobar la fecha de renovación y las condiciones de baja de cada servicio.

Un cajón de madera con pequeños artículos de papelería
Un cajón de madera con pequeños artículos de papelería
Un compartimento vacío dentro de un cajón de madera
Pensando en el uso del mes que viene

Volvamos a los 60.000 wones del principio. Se pueden mantener las tres suscripciones o quedarse solo con una. La respuesta depende de lo que hayamos hecho durante el mes. Lo que uno querría tener delante el día del cobro no es una larga lista de funciones, sino un breve registro de uso: unas pocas líneas en las que se pueda escribir «con esto terminé tal cosa».

Comparación ficticia elaborada por la redacción · No corresponde a precios ni registros de uso de servicios reales

2026.09.22

El tiro no entró. ¿Sabe la IA por qué?

Al poner uno al lado del otro el tiro que entra y el que falla, aparece una pequeña diferencia. En una época en que la IA señala los movimientos del cuerpo, ¿hasta dónde podemos fiarnos de esa diferencia? Comparamos dos vídeos de baloncesto para mirar el espacio que hay entre el análisis y el entrenamiento.

AI & SPORTS / 04

Pongamos dos vídeos de tiro uno al lado del otro. En uno la pelota entra; en el otro, no. En el segundo, el codo parece ir un poco más bajo. Y ya tenemos una explicación bastante convincente: quizá la pelota no entró porque el codo bajó.

Si a eso le sumamos los puntos y las líneas que dibuja la IA, la explicación parecerá aún más exacta. A esa diferencia que el ojo apenas intuía ahora le hemos puesto coordenadas. Pero ¿hasta dónde llegan esos números? Haber encontrado la diferencia entre dos tiros no es lo mismo que haber encontrado la causa del fallo.

La técnica de marcar puntos sobre el cuerpo

Una de las tecnologías que sostienen este tipo de análisis es la estimación de la postura. El Pose Landmarker de MediaPipe, de Google, calcula a partir de una foto o un vídeo dónde se encuentran 33 puntos del cuerpo, entre ellos los hombros, los codos y las muñecas. El nombre suena raro, pero se entiende enseguida si uno piensa en ver un vídeo e ir colocando marcas sobre las partes principales del cuerpo.

Al superponer esas coordenadas al vídeo, una persona obtiene material para comparar movimientos: volver a mirar, por ejemplo, dónde estaba el brazo al preparar el tiro y dónde quedó después de soltar la pelota. Su utilidad está en poder señalar la misma escena, en vez de decir «eso de hace un momento», cuando se habla de un gesto que pasó en un instante.

Con todo, lo que esta herramienta devuelve son posiciones del cuerpo. No es una aplicación de entrenamiento acabada que revele cómo se tira bien en baloncesto. Qué significado darles a las coordenadas y cómo evaluar el gesto siguen siendo el paso siguiente.

Línea de tiros libres desgastada en una cancha de baloncesto
Línea de tiros libres desgastada en una cancha de baloncesto

¿Podemos dar los dos vídeos por la misma escena?

Volvamos a los dos tiros del principio. Antes de corregir ese codo que parece bajo, hay algo que conviene comprobar. ¿Y si el primer vídeo está justo en el instante anterior a soltar la pelota y el segundo, en plena subida del brazo? Entonces estaríamos congelando dos momentos distintos para afirmar que la postura era diferente.

También hay que mirar dónde estaba la cámara. Si se grabó desde el mismo ángulo, si el brazo no quedó tapado por el torso o por otra persona. De un codo que se sale del encuadre no se puede decir que lo hayamos visto con claridad. Por eso, aunque la IA entregue coordenadas, hay que mirar a la vez a qué parte del vídeo original apuntan.

Y con igualar las condiciones de grabación tampoco se acaba la historia. El primero puede ser un tiro lanzado con libertad y el segundo, uno sacado esquivando a un defensor. Puede que las distancias fueran distintas. Puede que uno fuera el gesto de siempre y el otro, la prueba de algo recién aprendido. Si se dejan fuera esas diferencias y solo se comparan los codos, la explicación se cierra demasiado pronto.

Pelota de baloncesto bajo la canasta con una sombra alargada
Pelota de baloncesto bajo la canasta con una sombra alargada

Lo que no está en el vídeo lo cuenta la persona

Por eso, cuando se revisa un vídeo de entrenamiento entre varios, hacen falta también las explicaciones del jugador, y no solo las cifras marcadas en pantalla. Basta preguntar: «¿Qué querías cambiar en el segundo?». A veces esa respuesta convierte dos tiros aparentemente iguales en dos intentos distintos.

Nada de esto significa que el análisis con IA no sirva. Significa aprovecharlo para decidir qué merece una segunda mirada, sin convertir de inmediato la diferencia encontrada en un defecto que hay que corregir. Si al final se decide cambiar la postura, habrá que revisar juntos las condiciones de grabación, el objetivo del entrenamiento y lo que ha observado quien entrena.

Cancha de baloncesto reflejada en el ventanal del gimnasio
Cancha de baloncesto reflejada en el ventanal del gimnasio
Toalla doblada sobre un banco
Hora de repasar juntos el vídeo del entrenamiento

La próxima vez que vea un vídeo de tiro, quiero empezar por cotejar con el original los puntos que ha señalado la IA. Y luego preguntarle a quien lanzó qué estaba intentando hacer en ese momento. Hasta oír esa respuesta, más vale dejar ese codo que parece bajo como «algo que volver a mirar» y no como «un problema que corregir».

Fuente: Google AI Edge · Pose landmark detection guide · consultado el 22/09/2026
Los dos tiros son un ejemplo ficticio, a modo de ilustración.

2026.09.21

Lo que le pregunto a la IA y lo que decido yo

Una conversación imaginaria para planear dos horas de un sábado por la tarde. Pone lado a lado las propuestas que se le piden a la IA y los criterios que me toca fijar a mí, y pregunta, antes de recibir la respuesta, qué es lo que de verdad importa. Es una historia sobre el pequeño margen que conviene dejar entre las opciones y la elección.

00 / La misma tarde

Dos voces ante dos horas

Quedan dos horas libres el sábado por la tarde. Una persona anota lo que le apetece hacer; la otra coge el teléfono. Sobre una misma hoja quedan, uno al lado del otro, el paseo, el orden y el descanso. Lo que sigue es una conversación imaginaria, escrita para pensar cómo planificamos la vida cotidiana. No es el resultado real de ninguna IA ni una entrevista.

Una línea que se bifurca en dos direcciones en el suelo de un pasillo vacío
Una línea que se bifurca en dos direcciones en el suelo de un pasillo vacío

01 / Primera reacción

Quien pide propuestas · Quien pregunta por el criterio

A · Quien pide propuestas

“¿Y si le pedimos a la IA unos cuantos planes de dos horas? Me gustaría ver uno que mezcle paseo y tareas de casa, y otro para quedarnos descansando, los dos al lado.”

B · Quien pregunta por el criterio

“Vale. Pero ¿qué sería hoy una buena tarde para nosotros? Puede ser terminar lo que tenemos pendiente, o puede ser descansar sin ningún compromiso.”

Ante las mismas dos horas, cada uno espera un final distinto. Antes de multiplicar las opciones hace falta un margen para escribir en una sola frase cuál es el propósito de hoy.

Tres hojas de papel translúcido superpuestas
Tres hojas de papel translúcido superpuestas

02 / Razones distintas

Ordenar rápido y lo que no quiero dejar fuera

A · Quien pide propuestas

“Montarlo yo solo desde cero me abruma. Prefiero pedir primero un marco para comparar: una opción con pocos desplazamientos y otra para quedarse en casa.”

B · Quien pregunta por el criterio

“A mí me importan los huecos entre una cosa y otra. Las ganas de descansar de la familia o el cansancio del día no se escriben solos en una agenda.”

Lo que A quiere es un punto de partida; lo que B protege es la razón de la elección. No hace falta borrar ninguna de las dos voces. “Quiero ver varias opciones” y “hoy quiero descansar” caben dentro de la misma pregunta.

Dos piedras separadas entre sí sobre una superficie de madera
Dos piedras separadas entre sí sobre una superficie de madera

03 / La pregunta que queda en medio

Qué comparar, qué verificar, qué decidir

Lo que se le puede pedir es que separe las opciones posibles y explique sus diferencias. Lo que hay que verificar es la información que aparece dentro de ellas. Lo que hay que decidir es qué diferencia pesa más. Que el recorrido más corto sea hoy el mejor recorrido es otra elección aparte.

La IA generativa puede presentar contenidos erróneos con un tono de plena seguridad. La guía del NIST sobre gestión de riesgos de la IA generativa también describe ese peligro. Por eso, si en el plan aparecen horarios de apertura o medios de transporte, este artículo propone comprobarlos aparte en la información oficial del establecimiento o del organismo que lo gestiona.

Conviene distinguir también entre dar más condiciones y verificar los hechos. Haber escrito “pocos desplazamientos” no significa que la información de los lugares que aparecen en la respuesta esté confirmada.

Varios cordones dispuestos en paralelo en una misma dirección
Varios cordones dispuestos en paralelo en una misma dirección

04 / La frase que reescribieron juntos

En lugar de “el mejor plan”

Los dos reescriben la pregunta así: “Hoy el objetivo es descansar y disponemos de dos horas. Propón una opción para salir y otra para quedarnos en casa. Separa las ventajas y los inconvenientes de cada una y la información que habría que comprobar aparte.”

Cuando llega la respuesta, dejan escrita una línea más: “Hoy elegimos esta opción porque valoramos más el descanso que el desplazamiento.” No es una fórmula que garantice el rendimiento de la herramienta, sino un ejemplo de cómo hacer visible la razón de la propia elección.

Las propuestas pueden ser material para la conversación. Pero en la silla donde se despliega ese material y se decide qué conservar se sienta quien va a vivir su propio día.

En eso que ahora quiere preguntarle a la IA, ¿qué criterio le toca decidir a usted primero?

Fuente: NIST AI 600-1, §2.2 Confabulation · consultado el 21/09/2026
La conversación imaginaria y el plan cotidiano son ejemplos editoriales. No son el resultado real de ninguna herramienta concreta.

2026.09.20

Antes de que la IA responda, el tiempo de esperar a que el niño hable

Antes que las ganas de encontrarle la respuesta, dejamos pasar primero sus palabras. Carta a quienes cuidan de niños de 4 a 6 años: sobre mirar juntos un bloque sin terminar y un trazo corto de lápiz, escuchar y añadir solo lo necesario.

Destinatario

Al adulto sentado junto a la silla pequeña

El niño coloca tres bloques y dice: «Esto es un puente». Los ojos del adulto no ven por dónde se cruza. Imaginemos la escena en la que la mano que iba a buscar un ejemplo para enseñárselo se detiene un momento. No es una observación real, sino un juego imaginado para esta carta.

Figura de bloques sin terminar sobre una mesa de madera

02 / 05 · Figura de bloques sin terminar sobre una mesa de madera

Primer espacio en blanco

Antes de ponerle nombre, qué fue lo que vio

«¿Y desde aquí hacia dónde se cruza?» Si el niño toca el suelo vacío, el río imaginario estará justo ahí. Podemos confirmar primero el sentido: «Ah, es un camino que une estos dos lados». Se puede distinguir la imaginación del juego de cómo es un puente de verdad y, aun así, dejar la explicación del adulto un poco más atrás.

Trazo corto de lápiz sobre papel

03 / 05 · Trazo corto de lápiz sobre papel

Segundo espacio en blanco

Que también valga un trazo en lugar de una palabra

Si las palabras no salen, abrimos otro camino. «¿Me lo señalas? Puedes dibujarlo, y ahora mismo no hace falta que lo digas». Que la espera no se convierta en una regla de unos segundos ni en un examen para arrancar una respuesta. Podemos mirar juntos una sola línea en el papel y luego pasar a otro juego, y está bien.

Silla pequeña bajo una mesa de adultos

04 / 05 · Silla pequeña bajo una mesa de adultos

Tercer espacio en blanco

La mano que enciende la IA es la del adulto

Si queda alguna duda, el adulto la investiga aparte y vuelve. Si consulta la IA, contrasta con fuentes fiables y explica solo lo necesario. Lo que no haya podido confirmar puede quedar así: «Tendré que averiguarlo mejor». Esta actividad no requiere que el niño use la IA directamente ni que se envíen sus fotos o sus datos personales.

Una silla pequeña y una grande, juntas ante la ventana

05 / 05 · Una silla pequeña y una grande, juntas ante la ventana

Posdata

Una frase para dejar entre los dos huecos

Esto no es un método que prometa desarrollo ni resultados de aprendizaje, sino una propuesta de conversación para quienes cuidan de niños de 4 a 6 años. Cada niño habla y juega a su manera, y si pide una explicación, también está bien dársela.

«Yo he entendido esto, ¿es lo mismo que pensabas tú?» Diga que sí o diga que no, la siguiente palabra le pertenece al niño. Si hoy te sientas junto a la silla pequeña, ¿qué tal dejar un hueco para que sea él quien ponga el nombre primero?

Hoy, antes de explicar algo, ¿podría preguntar primero qué fue lo que el niño vio?

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